¡Hola a todos!

Siento la tardanza en este post, pero ha sido imposible publicarlo hasta hoy. A cambio, quiero compartir otro relato sacado de los ejercicios de mi libro de diálogos (un día haré una entrada sobre él). Esta entrada va dedicada a mi amiga Paloma Jiménez. Sé que no te gustó la conversación del ascensor que publiqué por parecerte rara, espero que estas dos versiones de la misma historia sí lo hagan.

Para realizar este ejercicio, tenía que imaginar la siguiente escena: en medio de una feria, una supuesta adivina se ofrece a predecir el futuro a un paseante, pero este personaje no piensa dejarse embaucar. ¿Quieres saber cómo termina? Lee:

Al fin habíamos llegado. El día anterior estuvimos ocupados entrando en la densa atmósfera de Narth. Tuvimos que buscar mucho para encontrar un hangar en el que cupiese la Spicex a buen precio. En aquel planeta había demasiados timadores.

Nada más que se escondió el primer sol, antes de que saliera el segundo, cogimos nuestras cosas y nos dirigimos a la feria ambulante. Aquel lugar estaba repleto de todo tipo de puestos-nave, preparados para movilizarse de un planeta a otro del sistema solar con rapidez. Nunca se sabía cuándo podía llegar una inspección estelar.

— ¿Quieres conocer tu futuro? —dijo una mujer a mi lado.

Era de la especie Onuwu, famosos en toda la galaxia.

—No, gracias. Yo soy el dueño de mi destino.

— ¿Has surcado el espacio lo suficiente para conocer el Don de nuestro pueblo?

—He visto cosas que jamás tus ojos podrán ver.

El orgullo de mi interior salió a defenderme de aquella Onuwu.

—Entonces sabrás que puedo ver tu futuro a través de tus manos.

—Ninguna Onuwu sabrá lo que me depara el destino —dije.

En ese instante, Vortis se adelantó y le ofreció la palma de su mano.

—Yo sí quiero conocer mi futuro.

—Adelante pues. —Acto seguido, la Onuwu posó sus dedos en la palma de Vortis.

Los dedos le acariciaban cada milímetro de piel, recorriendo las finas líneas que le surcaban la mano. Sus ojos estaban cerrados, como si estuviese visualizando una imagen mental.

—No puede ser… —dijo la Onuwu abriendo los ojos—. Tú…

Yo recibí su mirada de terror con cierto orgullo. No sabía que habría visto en el futuro de Vortis, pero con seguridad yo estaba incluido en él.

—Todo lo que hayas oído hablar de mí no será ni el diez por cierto verdad —dije en mi defensa.

—Cuentan demasiadas cosas sobre ti.

—¿Todavía quieres leerme la mano?

—No —dijo dándose la vuelta—. Vete, ahora. No quiero que nadie me relacione contigo. El Rey Shun pagaría una buena suma de dinero por aniquilar a cualquiera que haya siquiera cruzado una mirada contigo.

Vortis y yo nos dirigimos hacia el centro de la feria. Allí nos esperaban los demás con todas las provisiones que necesitábamos en nuestra próxima aventura.

Miré hacia atrás y vi a la Onowu ofreciendo sus servicios a otro cliente.

—¿Quieres conocer tu futuro?

«Cada uno es dueño de su futuro», pensé para mis adentros infundiéndome valor.


Segunda parte. Retomar la propuesta del ejercicio anterior, pero en este caso de un modo diferente:

Al fin habíamos llegado. El día anterior estuvimos ocupados entrando en la densa atmósfera de Narth. Tuvimos que buscar mucho para encontrar un hangar en el que cupiese la SpaceX a buen precio. En aquel planeta había demasiados timadores.

Nada más que se escondió el primer sol, antes de que saliera el segundo, cogimos nuestras cosas y nos dirigimos a la feria ambulante. Aquel lugar estaba repleto de todo tipo de puestos-nave, preparados para movilizarse de un planeta a otro del sistema solar con rapidez. Nunca se sabía cuándo podía llegar una inspección estelar.

—¿Quieres conocer tu futuro? —dijo una mujer a mi lado.

Era de la especie Onuwu, famosos en toda la galaxia.

—No, gracias. Yo soy el dueño de mi destino.

—¿Has surcado el espacio lo suficiente para conocer el Don de nuestro pueblo?

—He visto cosas que jamás tus ojos podrán ver.

El orgullo de mi interior salió a defenderme de aquella Onuwu.

—Entonces sabrás que puedo ver tu futuro a través de tus manos.

—Ninguna Onuwu sabrá lo que me depara el destino —dije.

En ese instante, Vortis se adelantó y le ofreció la palma de su mano.

—Yo sí quiero conocer mi futuro.

—Adelante pues. —Acto seguido, la Onuwu posó sus dedos en la palma de Vortis.

Los dedos le acariciaban cada milímetro de piel, recorriendo las finas líneas que le surcaban la mano. Sus ojos estaban cerrados, como si estuviese visualizando una imagen mental.

—No puede ser… —dijo la Onuwu abriendo los ojos—. Tú…

Yo recibí su mirada de terror con cierto orgullo. No sabía que habría visto en el futuro de Vortis, pero yo estaba incluido en él.

—Todo lo que hayas oído hablar de mí no será ni el diez por cierto verdad —dije en mi defensa.

—Cuentan demasiadas cosas sobre ti.

—¿Todavía quieres leerme la mano?

—Sí —dijo mirándome fijamente—. Sería una necia si declinara leerle la mano al contrabandista estelar más buscado de toda la galaxia. Aquella persona por la que cientos de sistemas solares están alzándose contra el Rey.

«Cada uno es dueño de su futuro», pensé para mis adentros en un intento de no caer bajo su influencia.

Los ojos brillantes de la Onowu me atravesaban como cuchillos. Sería peor si accedía a sus pretensiones.

—Tengo que declinar tu oferta, prefiero continuar con mi propia leyenda a mi modo.

—¿Leyenda? No eres más que un contrabandista famoso por casualidad. Tú no habrás oído hablar de mí, pero le he leído la mano al mismísimo mariscal. Sabes tan bien como yo que no deberías dejar pasar esta oportunidad.

Era consciente que sus palabras pretendían una reacción por mi parte, aun así, la curiosidad me corroía el interior.

—¿Qué me darás a cambio? —dije.

—Mmm… —Se quedó pensativa—. Creo que información sobre un portal secreto que conecta con el castillo del rey Shun es una buena oferta.

— ¿Un portal?

Ella asintió. En mi mente surgió una idea descabellada.

«Si es cierto, podría tener una oportunidad de rescatarla», escuché de mi interior.

—De acuerdo, acepto.

Sus ojos se iluminaron como dos antorchas. Me cogió la mano y comenzó a desentrañar mi futuro.

—Por Wuth… —dijo con los ojos cerrados.

Pasaron los segundos. La Onuwu cayó desmayada al cabo de un minuto. Vortis y yo la cogimos.

Ella abrió los ojos tras dejarla en el interior de su tienda-nave.

—¿Qué es lo que has visto? —pregunté lleno de curiosidad.

—Sabes que no te puedo responder a eso. Solo quiero que sepas que todos dependemos de las decisiones que tomes a partir de ahora…

La Onuwu alzó su brazo y señaló un viejo volumen rojo situado en una estantería cercana.

—En él encontrarás toda la información sobre ese portal del que te hablé. Ahora, márchate.

Vortis y yo salimos, dirigiendo nuestros pasos hacia el centro de la feria. Allí nos esperaban los demás con todas las provisiones que necesitábamos en nuestra próxima aventura.