Aquí nos podéis ver a los dos, sonrientes, mientras esperamos la cola de una administración casi a la hora de comer. Él, un niño de 11 años que está cumpliendo su sueño (¡Disco de oro! No tenía ni idea, la verdad. Pero la mirada orgullosa de su padre a su lado lo dice todo); yo, un joven unos años más mayor que él, pero también con un sueño en su interior, convertirme en escritor.

Estas palabras salen solas de mis manos, y es que me apetece relatar lo que me sucedió en estos últimos siete días.

La semana pasada, Ana me mandó al registro de la Junta de Andalucía situado en Calle Juan XXIII, una vez allí, estuvo sentado cerca un niño que no tardé en reconocer. Era Adrián Martín, aquel niño que se dio a conocer gracias a un vídeo en youtube, y que nos conmocionó a todos el corazón (A pesar de que el flamenco no sea mi fuerte). No podía ser menos, si en su mirada se ve la pasión que le echa a lo que hace. Una parte de mí quería saludarle y decirle que su música y su propia persona seguramente inspiraba e inspiraría a otros a cumplir sus sueños, tal y como él lo estaba haciendo; pero el miedo hizo acto de presencia. «querrá que lo dejen en paz…». Una mujer gritó cuando pasó por nuestro lado: «Qué arte tienes, chiquillo!», y yo asentí, no le faltaba razón. Dejé que pasara por mi lado, y luego me arrepentí.

Hoy al mediodía, tuve que volver a terminar el trámite ante dicho registro, y cuando me siento en mi silla después de coger mi número, giro la cabeza y ahí lo vuelvo a ver, en medio de sus padres, esperando a realizar otro trámite. A pesar de que ya estaba sentado en la otra punta de la sala, cojo mis cosas y me levanto, y me siento delante suya. La verdad, los nervios me han atacado y creo que he empezado la conversación relatándoles lo mismo que cuento con estas palabras, la casualidad de volver a encontrarlo, y mi deseo de no volver a dejar pasar el momento sin conocerlo.

Al principio, cuando estaba lejos, sentado en mi asiento, el miedo volvió a embargarme; pero esta vez no dejé que me dominara. En este punto es en el que quiero incidir en la importancia de las decisiones. Yo podría no haberme cambiado de asiento y no haber cruzado una sola palabra con ese pedazo de artista y sus padres, los tres súper simpáticos conmigo, a pesar de ser un total extraño. Decidí que no quería volver a arrepentirme por haberme dejado embargar por el miedo, y me llevo para el recuerdo cinco minutos de buena charla con él y sus padres.

Las decisiones son vitales en nuestra vida, y si no las tomamos, las oportunidades pasarán por delante nuestra sin que las agarremos con nuestras manos. Por eso, os insto a que os enfrentéis a vuestro miedo y toméis las riendas de vuestras decisiones.

Quiero agradecer el buen trato que me han dado los tres en los cinco minutos de charla. Adrián se ve que es un niño alegre y curioso; sus padres, dos personas orgullosas de su hijo, y un apoyo fundamental para él.

Y conocerlo me ha hecho verdadera ilusión por varios motivos: la primera, porque es un luchador, él y su familia sólo saben a lo que se ha tenido que enfrentar en su corta vida. La segunda, porque está cumpliendo su sueño de ser cantante, se le ve en el brillo de la mirada que cantar le hace feliz, y creo que todos los que tenemos un sueño parecido al suyo nos sentimos identificados con su historia. Por último, porque cinco minutos me han bastado para desmitificar a ese chiquillo que me ha preguntado qué era ser asesor laboral, que no le ha importado fotografiarse conmigo, y más importante, me ha enseñado que a veces las buenas oportunidades se dan cuando uno vence a sus propios miedos.

Gracias a Adrián y a sus orgullosos padres.